Comentario del Periodista Fidel Samaniego

Señora diputada, creo en usted...
18-marzo-2010

Su mirada es franca, directa, la sonrisa agradable, sincera, sin el toque profesional, o sea, fingido, de circunstancia, de la mayoría de la gente de la política.

En persona, frente a frente, sólo hemos platicado una vez, para ponernos de acuerdo sobre una entrevista que le haría en el programa de radio que tengo en internet. (Va comercial, abusando de su atención, se llama El Cambalache, de lunes a jueves, nueve de la noche en www.blogdfm.com)

Me había llamado la atención lo que ella, Rosi Orozco, diputada panista, logró en una de las sesiones de la Cámara de Diputados cuando ya el clima estaba tenso, enrarecido por lo que hasta entonces se sabía del hoy celebérrimo pacto de Bucareli fimado por Beatriz Paredes y César
Nava.

Y es que la legisladora subió a tribuna para proponer un punto de acuerdo a fin de que se hiciera un exhorto, se pidiera a las autoridades correspondientes del Poder Judicial que evitaran que el pederasta Jean Succar Kuri fuese cambiado del penal de alta seguridad en el que ahora
está, a una cárcel en Cancún.

Su intervención, su propuesta, lograron el apoyo expreso, en tribuna, de legisladoras, legisladores de todos los partidos. Otros más acudieron al estrado a firmar de inmediato el documento que ella elaboró.

De ahí el interés por hablar con ella. También, para que nos platicara de una lucha en la que lleva años, por convicción, con pasión, con dolor, con amor, el que manifiesta en su apoyo, su atención a las víctimas de uno de los delitos más condenables, más despreciables que
hay: la trata de personas.

Víctimas, en gran cantidad, niñas, niños. Pequeñas, pequeños, menores de edad porque así lo señalan sus actas de nacimiento. Porque sus infancias les han sido arrebatadas, vendidas, compradas, violadas, desgarradas, pisoteadas.

Vendidos, alquilados, en ocasiones, por sus propios padres, por sus madres.

También hay quienes, con engaños, fueron enganchadas, o secuestradas. Y han sido, son objetos, mercancía en el comercio sexual, o para la pornografía infantil,o para la venta de órganos.

Y contra ellas, ellos, comerciantes y consumidores es la lucha de Rosi. Pero también en favor de esas chicas, de los chiquillos que de pronto, un día, entraron, fueron arrojadas a un infierno, dejaron de tener sueños dulces, debieron dejar a un lado sus juguetes, preguntan: "¿Por
qué yo, por qué a mi?

Para unos, esas ¿personas? desalmadas, el coraje de Rosi, su demanda constante de castigo, aplicación de la ley, endurecimiento de las penas, acciones más efectivas, más coordinadas de las autoridades. Para las víctimas, su dolor, su amor, sus lágrimas, su disposición a escuchar las terribles historias de las que han sido, involuntariamente, protagonistas.

De ello me habló la diputada en el programa. Y me transmitió, nos transmitió a quienes la escuchamos su fuerza, su emoción, su determinación de seguir adelante sin importarle que haya peligro, porque afecta y afectará intereses de gente poderosa, hasta hoy impune.

También nos comunicó su gusto, el que alimenta su esperanza de que haya más colaboración, más avances, lo hizo con generosidad, sin mezquindades, al reconocer la labor de servidores públicos de gobiernos estatales, del Distrito Federal, sin importale que sean militantes de otros partidos distintos al suyo.

Rosi Orozco, la que sin duda se estremeció, nos hizo estremecer cuando respondió a mi pregunta sobre si estamos cerca, como país -en cuanto al comercio sexual, la utilización de menores de edad- de Tailandia. Dijo que de acuerdo a lo que le han dicho funcionarios de los Estados Unidos, hay pederastas que han confesado que les queda más cerca, les sale más barato venir a México, en donde, hay que apuntarlo, hay ya 21 entidades en las que se hace ese desgraciado turismo.

Y pues se lo dije, lo reitero, diputada, posiblemente haya momentos en los que sienta que hay indiferencia, incomprensión a lo que usted hace. Pero no está sola.

Cuente, en lo que necesite, con este narigón cronista. No, en su partido no creo, lamento que tantos de sus compañeros, con poder, hayan dejado a un lado los principios, se pongan los ropajes de egoísmo, de soberbia.

Pero en usted, con usted, sí. Y una vez más, con sinceridad, porque me nace: que Dios la bendiga.

fidel

Fidel Samaniego

http://blogs.eluniversal.com.mx/weblogs_detalle10308.html